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Júpiter
Características
astronómicas
Quinto planeta desde el Sol,
y el mayor del Sistema Solar. Recibió el nombre del rey de los dioses
de la mitología romana. Júpiter es 1.400 veces más voluminoso que
la Tierra, pero su masa es sólo 318 veces la de nuestro planeta. La
densidad media de Júpiter es como una cuarta parte de la densidad
de la Tierra, lo que indica que este planeta gigante debe estar compuesto
de gases más que de metales y rocas como la Tierra y otros planetas.
Da una vuelta alrededor del
Sol cada 11,9 años a una distancia orbital media de 778 millones de
kilómetros. Tarda 9,9 horas en dar una vuelta alrededor de su eje.
Esta rápida rotación produce un engrosamiento ecuatorial que se aprecia
cuando se mira el planeta a través de un telescopio. La rotación no
es uniforme. Las bandas que se ven en Júpiter se deben a la presencia
de fuertes corrientes atmosféricas que reflejan los diferentes periodos
de rotación en las distintas latitudes. Estas bandas se aprecian más
debido a los colores pastel de las nubes. Estos colores se ven también
en la llamada Gran Mancha Roja, de forma oval y con variaciones de
color desde rojo ladrillo hasta rosa. Los colores proceden de rastros
de compuestos formados por la luz ultravioleta, las tormentas y el
calor. Algunos de estos compuestos pueden ser similares a los de las
moléculas orgánicas que se desarrollaron en la Tierra como preludio
del origen de la vida.
El conocimiento científico
de Júpiter se enriqueció mucho en 1979 a partir de los satisfactorios
lanzamientos realizados por la NASA de las sondas espaciales Voyager
1 y Voyager 2. Las observaciones espectroscópicas realizadas
desde la Tierra habían demostrado que la mayor parte de la atmósfera
de Júpiter estaba compuesta de hidrógeno molecular, H2. Los estudios de infrarrojos de la sonda espacial Voyager
indicaron que el 87% de la atmósfera de Júpiter estaba compuesta de
H2, y que el helio, He, formaba la mayor parte del 13% restante. Por la
baja densidad observada se deduce que el interior de Júpiter ha de
tener, esencialmente, la misma composición que la atmósfera. Por lo
tanto, en apariencia, este inmenso mundo está compuesto de los dos
elementos más ligeros y más abundantes del Universo, una composición
similar a la del Sol y a la de otras estrellas. En consecuencia, Júpiter
puede corresponder a una condensación directa de una parte de la nebulosa
solar primordial, la gran nube de gas y polvo interestelar a partir
de la que se formó todo el Sistema Solar hace unos 4.600 millones
de años.
Los científicos también recogieron
una gran cantidad de información sobre Júpiter cuando los fragmentos
del cometa Shoemaker-Levy 9 se estrellaron contra el planeta en julio
de 1994. Las colisiones agitaron la atmósfera de Júpiter, calentando
los gases interiores hasta la incandescencia y sacándolos a la superficie.
Los astrónomos capturaron imágenes detalladas de estos gases desde
telescopios situados en la Tierra y en el espacio. Utilizaron espectroscopios
para el análisis de los gases con el fin de verificar y ampliar sus
conocimientos sobre la composición de la atmósfera del planeta.
Júpiter emite aproximadamente
el doble de energía que la que recibe del Sol. La fuente de esta energía
es aparentemente una lenta contracción gravitacional de todo el planeta.
Júpiter tendría que ser 100 veces mayor para que su masa pudiera iniciar
reacciones nucleares como las del Sol y las estrellas.
La atmósfera turbulenta y con
muchos tipos de nubes de Júpiter es, por tanto, fría. Con gran abundancia
de hidrógeno, predominan las moléculas que contienen este elemento,
como el metano, el amoníaco y el agua. Las fluctuaciones periódicas
de temperatura en la atmósfera superior de Júpiter revelan una pauta
en el cambio de los vientos como la de la región ecuatorial de la
estratosfera terrestre. Las fotografías con cambios secuenciales de
las nubes jovianas sugieren el nacimiento y deterioro de gigantescos
sistemas tormentosos ciclónicos. Los datos obtenidos por la sonda
espacial de la misión Galileo han contribuido a un mayor conocimiento
del planeta.
El amoníaco se congela a las
bajas temperaturas de la atmósfera superior (-125 °C) formando las nubes blancas
de cirros que se ven en muchas fotografías del planeta transmitidas
por la sonda espacial Voyager. El hidrosulfuro de amonio se
puede condensar a niveles más bajos. Las nubes de esta sustancia,
coloreadas por otros compuestos, pueden contribuir a la capa de nubes
oscuras que se extiende por el planeta. La temperatura en la parte
superior de estas nubes es de -50 °C y la presión atmosférica es alrededor del doble de la presión atmosférica
de la Tierra a nivel del mar. A través de agujeros en esta capa de
nubes se escapa la radiación de una región en donde se alcanzan temperaturas
de 17 °C. Mediante radiotelescopios sensibles a la radiación que penetra a
través de las nubes se ha detectado que la temperatura aumenta al
descender hacia las capas más profundas.
Aunque sólo se puede ver directamente
la parte más externa del planeta, los cálculos muestran que la temperatura
y la presión aumentan hacia el interior del planeta. La presión alcanza
valores en los que el hidrógeno se licúa y después adopta un estado
metálico altamente transmisor. En el centro puede existir un núcleo
de material parecido al de la Tierra.
En la profundidad de estas
capas se genera el campo magnético joviano. En la superficie de Júpiter
este campo es 14 veces más fuerte que el de la Tierra. Su polaridad
es opuesta a la de la Tierra, de forma que una brújula terrestre que
se trasladara a Júpiter apuntaría al sur. El campo magnético es el
responsable de que enormes cinturones de radiación de partículas cargadas
retenidas rodeen el planeta a una distancia de 10 millones de kilómetros.
Hasta el momento se han descubierto
dieciséis satélites de Júpiter. En 1610, Galileo descubrió los cuatro
mayores. Fueron recibiendo los nombres de los amantes mitológicos
de Júpiter (o Zeus en el panteón griego): Ío, Europa, Ganimedes y
Calisto. Esta tradición se ha seguido para denominar los demás satélites
o lunas. Observaciones más recientes han demostrado que las densidades
medias de las lunas mayores siguen la tendencia aparente del propio
Sistema Solar. Ío y Europa, cercanos a Júpiter, son densos y rocosos
como los planetas interiores. Ganimedes y Calisto, que se encuentran
a más distancia, están compuestos principalmente de hielo de agua
y tienen densidades más bajas. Durante la formación de satélites y
planetas, su proximidad al cuerpo central (el Sol o Júpiter) evita,
claramente, que se condensen las sustancias más volátiles.
Calisto es casi tan grande
como Mercurio, y Ganimedes es mayor que Mercurio. Si describieran
sus órbitas alrededor del Sol serían considerados planetas. Las cortezas
heladas de estos dos cuerpos están marcadas por numerosos cráteres,
las marcas de un antiguo bombardeo, probablemente del núcleo de un
cometa, similar al bombardeo de asteroides que dejó señales en la
Luna de la Tierra. Por el contrario, la superficie de Europa es muy
lisa. Está claramente cubierta por una capa de hielo (que puede que
cubra una zona global de agua) que emergió del interior del satélite
después del bombardeo meteorítico primordial. Una intrincada red de
estrías poco profundas cubre la superficie de hielo.
Un equipo de astrónomos de
la Universidad John Hopkins (EEUU) descubrió recientemente que Ganimedes
tiene una atmósfera de oxígeno muy tenue, con una presión comparable
a la de la atmósfera terrestre a una altura de unos 400 metros. Antes
de este descubrimiento, estos mismos científicos habían detectado
también un tenue velo de oxígeno alrededor de Europa.
El satélite más notable es,
sin duda, Ío. Su superficie presenta un aspecto muy contrastado: del
amarillento al castaño oscuro y áreas blancas con manchas negras.
Ío es sacudido por un vulcanismo impulsado por la dispersión de la
energía mareal del interior del satélite. Diez volcanes estaban en
erupción durante los vuelos espaciales del Voyager en 1979
y, desde entonces, se han detectado posteriores erupciones. Los orificios
emiten dióxido de azufre y éste se condensa en la superficie formando
una atmósfera local, transitoria. Las regiones blancas son SO2
sólido; las otras marcas están producidas, presumiblemente, por otros
compuestos de azufre.
Las restantes lunas son mucho
más pequeñas y se han estudiado menos que los cuatro satélites de
Galileo. Los ocho satélites externos están en dos grupos de cuatro
y pueden representar cuerpos apresados.
Ya cerca del planeta, la nave
espacial Voyager descubrió un débil sistema de anillos. El
material de estos anillos tiene que estar en continua renovación porque
se le observa moviéndose en dirección al planeta. Este material puede
ser el resultado de la desintegración de pequeños satélites que se
mueven dentro de los anillos. El satélite Metis está exactamente en
el límite externo de los anillos y podría ser una fuente de ese material.
Características
astrológicas
Principio. Afrontar la vida con optimismo.
El sentido de coordinación de las cosas, tendencia a fundir orgánicamente
el instinto y la razón, La pasión y la reflexión, el poder.
Símbolo. La madurez lograda por el éxito tras la lucha, el optimismo,
la extraversión, los honores, la autoridad, la fe, la sabiduría, el confort,
la riqueza, las personas afortunadas, el lujo, el juez, el maestro.
Bien situado y con aspectos armónicos con otros planetas en la Carta
Astral. Dignidad, sentido de la justicia y la
piedad, Afectividad bien desarrollada, ambición, generosidad, serenidad,
equilibrio psíquico, filantropía, simpatía, benevolencia y pacifismo.
Mal situado y con aspectos inarmónicos con otros planetas en la Carta
Astral. Megalomanía, ostentación, amor por el
juego, arrogancia, orgullo, hipocresía, presunción, dudas, deslealtad,
displicencia, escepticismo. Amor desmesurado por la comida, tendencia
al despilfarro, fanatismo, cólera, incapacidad para apreciar la vida.
Anatomía. Circulación de la sangre arterial, hígado, muslos,
caderas, pies oído derecho, parte superior de la frente, páncreas, glicógeno
y tejidos grasos.
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